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El peligro de una verdad deformada: lo que Jaime Balmes puede enseñarnos sobre pensamiento crítico

28 ago
3 min de lectura



Vivimos rodeados de información. Recibimos noticias, opiniones, vídeos, mensajes, titulares y explicaciones prácticamente a cada instante.

Sin embargo, disponer de más información no significa necesariamente comprender mejor la realidad.

Hace más de 180 años, el filósofo español Jaime Balmes, en su obra El Criterio, planteó una cuestión que continúa teniendo una extraordinaria vigencia:

«El buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay.»

La frase contiene una auténtica lección de pensamiento crítico.

El problema no siempre es la mentira

Normalmente pensamos que existen dos posibilidades: conocer la verdad o estar equivocados.

Pero Balmes introduce una tercera posibilidad mucho más interesante: podemos conocer una parte de la realidad y, aun así, interpretarla de manera deformada.

Utiliza para ello la metáfora del espejo.

Un buen entendimiento sería semejante a un espejo que refleja los objetos con fidelidad. El error completo sería como un cristal que nos muestra algo que realmente no existe.

Pero existe otro tipo de error: el espejo defectuoso que refleja objetos reales, pero altera sus formas y proporciones.

Eso ocurre también con nuestra mente.

Podemos partir de un hecho verdadero y terminar construyendo una conclusión equivocada.

Cuando la mente completa lo que no sabe

Imaginemos algo cotidiano.

Una persona tarda varias horas en contestarnos un mensaje.

Hecho: no ha respondido.

Pero inmediatamente pueden aparecer interpretaciones:

«Está enfadada conmigo.»

«Ya no le importo.»

«Lo está haciendo deliberadamente.»

«Seguro que ocurrió algo.»

El primer elemento pertenece a la realidad observable. Los siguientes pertenecen, al menos inicialmente, a nuestra interpretación.

Y aquí comienza uno de los ejercicios más importantes del pensamiento crítico: aprender a distinguir hechos de interpretaciones.

Nuestra historia personal, nuestros temores, expectativas, experiencias anteriores y creencias participan inevitablemente en la manera en que interpretamos lo que sucede.

Pensar críticamente no significa eliminar esa subjetividad —probablemente sería imposible—, sino aprender a reconocerla.

Balmes en la época de las redes sociales

La reflexión adquiere todavía más importancia cuando pensamos en las redes sociales.

Vemos un fragmento de una conversación y creemos comprender el contexto completo.

Leemos un titular y opinamos sobre una investigación que nunca hemos leído.

Observamos treinta segundos de la vida de alguien y creemos conocer su personalidad.

Recibimos una información que confirma lo que ya pensábamos y dejamos de preguntarnos si podría existir otra explicación.

La velocidad favorece la reacción.

El pensamiento crítico exige algo diferente: detener el juicio el tiempo suficiente para examinarlo.

Atención: otra capacidad que estamos perdiendo

En El Criterio, Balmes también dedica especial atención —precisamente— a la capacidad de atender.

Habla de una atención fuerte y flexible.

No se trata simplemente de concentrarnos durante muchas horas, sino de ser capaces de dirigir conscientemente nuestra mente hacia aquello que queremos comprender.

Balmes también advertía del efecto de las interrupciones sobre pensamientos que requieren profundidad.

Resulta difícil leer estas páginas hoy sin pensar en nuestras notificaciones, teléfonos, mensajes y estímulos permanentes.

Tal vez uno de los grandes desafíos contemporáneos no sea únicamente conseguir información.

Sea conservar nuestra atención el tiempo suficiente para pensar sobre ella.

Tres preguntas antes de sacar una conclusión

Podemos transformar la reflexión de Balmes en un ejercicio muy sencillo.

Ante una situación que nos provoca una reacción intensa, preguntarnos:

¿Qué sé realmente?

¿Qué hechos puedo observar o comprobar?

¿Qué estoy interpretando?

¿Qué conclusión estoy extrayendo de esos hechos?

¿Qué estoy agregando yo?

¿Qué parte procede de mis temores, expectativas, experiencias anteriores o creencias?

No significa vivir dudando permanentemente.

Significa aprender a conceder a nuestras conclusiones el grado de certeza que realmente merecen.

Pensar bien también requiere humildad

Quizá aquí encontremos una de las enseñanzas más valiosas de El Criterio.

Pensamiento crítico no significa cuestionarlo absolutamente todo ni convertirse en una persona desconfiada.

Tampoco consiste en demostrar constantemente que los demás están equivocados.

Pensar críticamente implica estar dispuesto a revisar nuestras propias conclusiones.

A veces tendremos suficiente evidencia para afirmar algo.

Otras veces tendremos una hipótesis.

Y otras tendremos que pronunciar tres palabras intelectualmente poderosas:

«No lo sé.»

Reconocerlo no disminuye nuestra inteligencia.

Puede ser precisamente una de sus mayores expresiones.

Porque pensar bien no consiste en tener siempre la razón.

Consiste en intentar mirar la realidad sin quitarle lo que contiene…

pero también sin añadirle aquello que nosotros necesitamos, tememos o deseamos encontrar en ella.


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